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Y llegó el día B

¡Y llegó el gran día! ¡El día! El sueño dio paso a la realidad y ni si quiera hizo falta esperar a que el despertador sonara a las 8 de la mañana. Alrededor de las 7 y media abrí los ojos, a pesar de haber dormido tan solo 6 horas, con una sensación de descanso y felicidad mayor a la que había imaginado. Un suspiro y, de repente, un temor empezó a rondar por mi cabeza: ¿Habría salido el sol?

Abrí la puerta de mi habitación antes que la ventana y pude ver el resplandor del sol asomar tímidamente, parecía que si, y al subir la persiana pude comprobarlo: ¡si! ¡había salido el sol! Aquello era un milagro. Salí corriendo de la habitación hacia mi balcón, contemplé el cielo, estaba completamente despejado, y sentí que lo primero que quería hacer era despertar a mi futuro marido para decirle que hoy iba a ser el día más bonito de nuestras vidas pero, curiosamente, él ya se había adelantado a mis pensamientos, me había enviado un mensaje y varias fotos para decirme: "hoy hace un precioso día de primavera, casi tanto como tú". En ese instante, justo cuándo sonreía e iba a llamarlo, casualmente, el teléfono comenzó a sonar. ¡Era él! El hombre de mis sueños.

Después de decirnos buenos días, me relajé en la ducha y tomé un ligero desayuno para empezar la puesta a punto a cargo de Mari. Me encontraba muy tranquila. Estaba en las mejores manos. Recuerdo que Mari estaba muy nerviosa, sé que sentía una gran responsabilidad por encargarse de maquillarme y peinarme, pero os aseguro que después de poco más de una hora en chapa y pintura el resultado fue espectacular. Sin palabras. Sencillo a la vez que elegante, justo lo que yo quería, su trabajo, como siempre, era impecable.

Eran casi las 11 cuándo estaba lista para disfrutar del gran día. Las primeras personas en llegar a casa eran mi madre y mi cuñada. Venían a vestirse y a ayudarme a vestirme. ¡Mi madre estaba hecha un flan! Mucho más nerviosa de lo que estaba el día de la boda de mi hermano. Le he preguntado varias veces por qué pero ni ella misma lo sabe, dice que son cosas que solo una madre puede llegar a entender. Espero entenderlo algún día.

Poco más tarde llegaba el fotógrafo y acto seguido mi padre y mi hermano.
Supongo que como todas las novias, uno de los momentos más especiales y esperados para mi fue el momento en el que mi padre me vio vestida de novia. Y ese momento había llegado. Es difícil explicar por qué es tan significativo. Se mezclan un montón de sentimientos y sensaciones que sólo conocen padre e hija. Es como si ese pasito de niña a mujer hubiese llegado, a pesar de ser ya una persona adulta, es como si fuese el momento en que un padre ve partir a su niña. No lloré pero fue muy difícil contener las lágrimas pues, aunque resulte extraño, los que me conocen saben que tengo una relación muy especial con mi padre, una relación atípica quizá, pero entre nosotros existe una gran complicidad.

Tras una larga sesión de vídeo y fotos (a mi me pareció eterna), llego uno de los tres momentos que jamás olvidaré: el discurso del padrino. 
Para aquellos que no lo sepáis, en Cataluña es típico que el padrino recite unos versos cuándo entrega el ramo a la novia. El padrino suele ser el mejor amigo del novio y, para no faltar a la tradición, mi padrino fue Xavi, el mejor amigo del novio y, después de 12 años creciendo juntos, puedo asegurar que el mejor amigo de la novia también, una de las personas más buenas y leales que he conocido en la vida. 

Su discurso fue muy, muy, muy emotivo. Palabras escondidas en el fondo de su corazón, en un baúl de recuerdos que sólo hemos compartido los tres pero que ese día tuvieron el privilegio de conocer los que nos acompañaban. Fue casi imposible que ninguno de los presentes contuviéramos las lágrimas ante tantos recuerdos y sentimientos. Como os decía, uno de los tres momentos más especiales.  





Tras su discurso, llegaba el mío, improvisado al final por la falta de tiempo, pues allí me acompañaban mis cuatro damas de honor. Cada una de ellas especiales por un motivo muy diferente pero, sobre todo, por haberme ayudado tanto en los meses previos al enlace. Durante meses había pensado cómo quería que fuese ese momento, justo el instante en el que les entregaba la cajita que contenía el corsage de seda que iban a llevar en su muñeca y, sin embargo, no fui capaz de recordar lo que había ensayado, las cajas se me escapaban de las manos con los nervios, ¡un desastre!. Pero aún así, cumplí mis expectativas: me encantó que fuesen las primeras amigas en verme vestida de novia, que pudiesen oír al padrino pero, sobre todo, espero que sintieran lo importantes que son para mi.





Llegaba el momento de partir. Antes de salir de casa de la mano de mi padre tuve la oportunidad de estar sola 5 minutos frente al espejo. Me miré fijamente. No podía parar de sonreír  Nunca me había sentido más tranquila y segura de lo que iba a hacer, al fin y al cabo, me iba a casar con el hombre de mi vida.

Como bien manda la tradición, la novia llegó un pelín tarde a la ceremonia, más de media hora para ser exactos (conste en acta que no fue culpa mía). Salí del coche de mi hermano, agarrada del brazo de mi padre, me sentía completamente admirada, pero os confieso que yo sólo tenía los ojitos puestos en él, en ese hombre que ha conseguido que los días más grises sean los más azules y los más azules los más radiantes. Estaba guapísimo. Elegante pero moderno. Feliz pero, sobre todo, emocionado. Me miraba como nunca antes lo había hecho y cuándo mi padre le entregó mi mano... esa mirada, ese gesto, ese beso... ¡Dios! me temblaron las piernas, se me aceleró el corazón, se me apagó la voz... fue como si me estuviera enamorando de nuevo.









¡Y empezó la ceremonia! Nuestra ceremonia fue civil, en los jardines de la masía dónde celebramos el banquete, rodeados de un entorno espectacular que lució a tope gracias al día tan precioso que hizo. Fue una ceremonia sencilla, intima, repleta de momentos inolvidables pero, en especial, hubo uno que será imposible olvidarlo. El momento en que una de mis mejores amigas, una de mis "hermanas", una de las personas más humildes y bondadosas que conozco y que más han apostado por nosotros, nos dedicó unas palabras. Fue imposible no romper a llorar. Elena compartió con sus palabras tantos recuerdos, tantos secretos, tantos sentimientos que cuándo pienso en todo lo que nos dijo aquel día me vuelvo a emocionar. 



Más tarde, llegaría el momento más tierno. Nuestro sobrino, nuestro ángel, nuestra luz, con tan solo un año y medio, era el encargado de traer los anillos y, no nos defraudó, de la mano de su madre, nos entregó el bastidor y nos regaló un beso y esa sonrisa tímida y picarona que nos enamora a los dos.



Y tras decirnos el "si, quiero" e intercambiarnos las alianzas, ante la atenta mirada de nuestros testigos, firmamos el acta para convertirnos, por fin, en marido y mujer. 



¡Había llegado el momentazo del beso! Y acto seguido el momento en el que los asistentes a la boda nos lanzarían el arroz y lavanda que habíamos depositado en un baúl muy especial. Un momento que quisimos que fuese diferente a lo habitual y, pese a que no fue exactamente como estaba previsto (cosas del directo), fuimos capaces de marcarnos algún pase de baile al más puro estilo de Dirty Dancing, como habíamos planeado, mientras sonaba la banda sonora de la película de fondo. 









El momento más emotivo del día había finalizado así que, después de hacernos el reportaje de novios (el cuál me muero de ganas de ver), dimos paso a la fiesta que habíamos preparado para celebrar nuestro amor. 

Si algo teníamos claro cuándo empezamos a organizar nuestra boda es que queríamos que fuese un acto emotivo y divertido pero, ante todo, que no faltases detalles que hiciesen sentir especiales a nuestros familiares y amigos. 





Colocamos un sencillo pero romántico libro de firmas.

Igual que el baúl del arroz, lo hicimos al más puro estilo parisino, lugar donde nos prometimos.



También el sitting fue cosecha nuestra y, una vez más, no faltó un toque parisino.



Y porque una imagen vale más que mil palabras, tampoco pudo faltar un tenderete de fotos, en el que cada uno tuvo su lugar, incluso, muchos de los que, desgraciadamente, no pudieron acompañarnos en nuestro día.

Y después del aperitivo, llegó el banquete donde tampoco faltaron los detalles. Habían tantos momentos especiales que festejar que, además del de bodas, quisimos dejar un obsequio a algunos de nuestros invitados: a los que cumplían años, a los recién nacidos, a los futuros papás, a los recién casados, a los futuros esposos, a los amigos moteros del novio. Escogimos "Antes de que cuente diez" de Fito y Fitipaldis para hacer la gran entrada y, nada más empezar a sonar, empezamos a bailar. Creo que nunca he visto y nunca veré bailar tanto a mi marido (que raro me suena llamarlo así). 



.
Quisimos huir de lo típico y, por eso, preparamos botes de chocolate a la taza para nuestros invitados como detalle de bodas. El de las mujeres llevaba una mariposa.









Tampoco faltó un toque personal en el centro de mesa de los novios. 
Decoramos con papel parisino nuestro LOVE.




El día pasó volando (ya me lo habían advertido) pero mereció la pena todo el esfuerzo y cariño depositado en cada uno de los detalles porque no cesó de reinar la alegría entre nuestros invitados. Tampoco lo hicieron las sorpresas. Entre los invitados y el equipo que organizó la boda nos hicieron sentir protagonistas de un sueño, nuestro sueño de ser marido y mujer. Aunque os confieso que la mayor sorpresa fue para mi y llegó poco antes de dar paso al brindis. Mi marido (me sigue sonando raro decirlo) me sorprendió con un discurso. Después de agradecer su presencia a familiares y amigos, se giró inesperadamente, me miró fijamente y me dedicó unas palabras que os aseguro que jamás olvidaré. Inesperadamente, abrió su corazón ante mi, ante todos, para declararme su amor. ¡Qué difícil fue contener las lágrimas ante tanta emoción pese a que muchos no lo crean! Este fue el tercer momentazo del día. El momentazo que me hizo recordar porque me enamora cada día un poquito más.



Os diré que no tengo su don de palabras, su soltura a la hora de hablar, pero si tuviera que decir que siento por él, no lo sabría explicar, él lo es todo para mi, una parte de mi cuerpo, de mi mente, de mi vida, sin la que no imagino el día a día.



Y llegó uno de los momentos más especiales: el del brindis. Tras un espectáculo de manos de una acróbata y fuegos artificiales, llegó el pastel nupcial y, más tarde, las primeras entregas.









Los novios fueron a parar a manos de nuestros amigos. Al son de Estopa sonaba "Como Camarón" cuándo les entregamos los primeros novios a Mónica y Víctor. La otra pareja de novios caería en manos de Xavi y Pili mientras sonaba "16 añitos" de Dani Martin. ¡Porque queremos que sean los siguientes! ¡Porque son especiales! ¡Porque son los mejores!



Tampoco faltaron muestras de agradecimiento a nuestros padres y hermanos mientras sonaban "Cuentame", "Paradise" de Coldplay y "El aire de la calle" de Los Delicuentes. ¡Por apoyarnos incondicionalmente! ¡Por querernos tal y como somos! ¡Por estar siempre ahí!



Es muy difícil olvidar las caras de los sorprendidos pero hay una que, especialmente, no olvidaré y, pese a que no salgo muy favorecida en la foto, quiero compartir con vosotros esta foto como homenaje a mi madre. ¡Una foto vale más que mil palabras y este instante fue el momento en que por fin la vi sonreír! 

Las entregas llegaban casi a su fin cuándo sonaba "Colgando en tus manos" de Carlos Baute y Marta Sánchez. El momento de hacer entrega del ramo había llegado y no había nadie mejor que ella para cuidar de mi legado. ¡Porque sólo Susana y yo sabemos qué significa! ¡Porque se lo merece! ¡Por ser mi niña, mi compañera, mi pequeña!



¡Qué poquito quedaba para el baile! Y llegaba el momento más sexy, el más espontáneo,  el más divertido, aquel en el que dimos rienda suelta a nuestro lado salvaje para entregar la liga de la novia. ¿Y para qué sirve la liga de la novia? Eso fue lo que le preguntó un día cualquiera el novio a mi incondicional amiga Vero. En aquel momento ella no intuía que iba a ser la encargada de cuidar de mi liga. Yo lo supe des del primer momento. Nadie mejor que ella. ¡Por estar siempre a mi lado! ¡Por ser la más fuerte! ¡Por ser mi referente y mi heroína, mi modelo de superación! ¡Por no fallarme jamás! 



El día llegaba a su fin. Empezaba a sonar nuestra canción, la primera que oímos juntos en nuestra primera cita, la que escuchamos millones de veces en nuestro primer año de noviazgo, la que mejor explica como me siento "Si tu me miras". 





Un buen sabor, una sonrisa, un suspiro de melancolía, esa es la sensación que nos invade cuándo recordamos este día tan bonito. Podría explicaros aún más detalles que hicieron posible que fuese un día perfecto pero, sin duda, la razón más importante sois vosotros: nuestros familiares y amigos. Sois vosotros los que hicisteis posible que se hiciera realidad nuestro sueño, por ser felices ese día sólo porque sabéis que nosotros somos felices de tenernos el uno al otro cada día. ¡Vosotros fuisteis la clave de nuestro éxito! 

Por eso me gustaría compartir con vosotros algunos de esos momentos que no se olvidan. Esos momentos que te acompañan durante toda la vida. Esos momentos especiales que te regala la vida con la gente que quieres.





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Etiquetas: bodas

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